Comprar BARATO es CARO

Comprar BARATO es CARO

Toda la vida escuché decir a mi padre que comprar barato era comprar caro y la primera prueba que recuerdo fueron zapatos. Comprar unos zapatos baratos es tener que asumir una vez superada la alegría de pagar poco por ellos el primer dolor en los pies por culpa de una piel (que a lo mejor no lo es) de baja calidad, una vida más corta de lo habitual (enseguida aparece un agujero en la suela, los talones se desgastan a una velocidad,…) y una imagen de zapato que superado el brillo de la piel en la compra nunca más lo recupera.

Siguiendo con el ejemplo de los zapatos el otro día estuve mirando una tienda de zapatos a medida. Podéis suponer los precios, de 300 euros para arriba. ¿Los beneficios? Desde el primer momento un zapato hecho para tus pies, una calidad de primera clase (el zapatero no puede trabajar para que su manufactura dure solo 6 meses) y una imagen de zapato recién hecho durante toda su vida. Con todo ello podemos deducir que ¿300 euros son caros? Lo es su desembolso pero si en nuestra economía doméstica pudiéramos amortizar esta inversión sin duda sería rentable en comparación a otras inversiones que solo ofrecen una ventaja en el “flujo de caja”.

En todos los órdenes de productos y servicios existe el debate de caro barato, sin embargo la máxima de lo barato sale caro permanece en el tiempo.

El consumidor de bienes y servicios puede llegar a tener la ilusión que comprar más barato es gratis, que es una recompensa a la suerte de encontrar algo más barato o al trabajo de buscarlo cuando en realidad lo que está adquiriendo está penalizando la estructura de costes o el margen empresarial de entrada.

Si nos centramos en la estructura de costes no hace falta pensar mucho que ello incide en la fabricación del producto, es decir:

  • En la calidad de los materiales de aprovisionamiento
  • En la calidad de las manipulaciones de fabricación
  • En los costes salariales básicamente asociado muchas veces a personal inexperto y poco  comprometido
  • A servicios de soporte y satisfacción de cliente testimoniales o inexistentes

Si nos centramos en los márgenes la reflexión es distinta. Si la empresa cotiza en bolsa lo primero de todo es el accionista y por tanto, vendas lo que vendas, el margen deberá respetarse para no defraudar las expectativas del accionista, ahora bien, si la empresa no tiene esta obligación pública puede ocurrir que en aras de su continuidad a corto plazo esté dispuesta a bajar márgenes por lo que las repercusiones serán:

  • No invertir en I+D que amplíe el portfolio de productos y servicios en un futuro. A eso le llamo descapitalizar el conocimiento de la organización.
  • No invertir en formación que haga más eficiente al capital humano
  • No invertir en herramientas de producción (medios, hardware, software, comunicaciones,…) que permita procesos de producción más eficientes
  • No invertir en marketing, es decir, estrategia, publicidad, comunicación,… perdiendo presencia y notoriedad en el mercado
  • Perder capital humano de máxima valía por ajustes en las plantillas

Hasta aquí lo que es evidente desde un punto de vista económico y financiero, bajar precios es bajar costes y/o márgenes, ahora bien, existe otro factor denominado externalidad.

En Wikipedia encontramos Externalidad como “la situación en la cual los costos o beneficios de producción y/o consumo de algún bien o servicio no son reflejados en el precio de mercado de los mismos, en otras palabras, son externalidades aquellas  actividades que afectan a otros para mejorar o para empeorar, sin que éstos paguen por ellas o sean compensados

Comprar barato es provocar externalidades en forma de:

  • Precariedad en el empleo local
  • Precariedad en el empleo global (empleo infantil, no derechos laborales,…)
  • Nula sensibilidad medioambiental
  • Costes sociales por prestaciones de desempleo, pensiones anticipadas,…
  • Una sociedad que siente que no reconoce su trabajo, su esfuerzo,..
  • Costes médicos por pérdida de salud

Hablamos de responsabilidad social corporativa como un compromiso con la sociedad, quizás también deberíamos hablar de responsabilidad social personal y ser conscientes que con el acto de comprar no solo mirando el precio también contribuimos a un modelo de sociedad que será distinto según pese el factor precio en nuestra decisión. ¿Sera verdad lo de “consume como piensas sino acabaras pensando como consumes”?

Y permitirme hacer el filtro de los despachos profesionales en esta visión ya que también es aplicable. Cuando un cliente del despacho pide bajar el precio de la cuota hasta límites, en ocasiones hasta ofensivos, sin duda está perjudicando al profesional en las distintas dimensiones comentadas e invocar a la responsabilidad social personal como comprador debería ser un argumento para entender que las cosas tienen un precio y encontrar otro puede ser simplemente una ilusión óptica que conduce a largo plazo a efectos nada deseables.

He visto como en poco tiempo ha vuelto como tendencia vender productos a granel (solución actualizada de la venta a granel) recuperando lo que nuestros mayores habían hecho siempre, parece ser una respuesta a la competitividad “salvaje” de nuestros tiempos. Quizás también deberíamos recuperar de nuestros mayores los valores de la confianza y fidelidad que existía entre profesional y cliente en una relación que siempre se da más de lo que cobra aunque no sea la más barata.

La próxima vez que alguien nos diga que hay una solución más barata invocar la responsabilidad social que tenemos todos, tanto la corporativa como la personal.

Mucha suerte y muchos éxitos.

 

Ignasi Vidal Diez

Responsable de Canal y Desarrollo de Negocio

SAGE Despachos Profesionales

Comprometido con los que Asesoran

Acerca de Ignasi Vidal Diez