Neoludismo, ¿un síndrome oculto en el despacho?

Neoludismo, ¿un síndrome oculto en el despacho?

Cuando a mediados del siglo XVIII se consigue transformar la energía de la naturaleza en movimiento se inicia un proceso de transformación imparable con grandes consecuencias sociales, económicas, culturales,.. Este periodo de unos 100 años denominado Revolución Industrial fue para los protagonistas de la época un momento de convulsión intelectual que exigió el esfuerzo de aprender a convivir con estas nuevas iniciativas.

En estos momentos estamos asistiendo a otro momento de convulsión histórica de la sociedad. Si antes se cambió la fuerza del trabajo por la potencia de las maquinas ahora estamos sustituyendo los procesos mentales por la tecnología digital y al igual que antes también ahora hay detractores de estos cambios, hay quien piensa y defiende que estos progresos suponen externalidades sociales difíciles de resolver (paro funcional, menos oferta de trabajo, alienación,…)

Ned Ludd fue un trabajador británico que a mediados del siglo XVIII rompió de manera intencionada unos telares porque sostenía la teoría que serían los causantes del aumento del paro y en consecuencia de pobreza para la clase trabajadora. Esta acción lo hizo famoso y generó un movimiento llamado Ludismo que no alcanzó más allá de unos años de presencia y que algunos sitúan en los precedentes de los actuales sindicatos.

Al igual que entonces hoy también hay voces neoludistas que hablan de la nueva tecnología en términos de desastre social y cultural. Es verdad que no está identificado (al menos yo no lo conozco) en nadie en concreto ni en ninguna asociación como tal identificada pero si en el subconsciente de muchas personas que al ver en peligro su estatus quo reaccionan con pasividad a la evolución inexorable de los cambios.

Los despachos profesionales que es el ámbito en el que profesionalmente me desenvuelvo también están siendo impactados por los avances tecnológicos en forma de cambios en la producción, gestión y relación con sus clientes. Estos cambios son realidad, son futuro, son inexorables y aún así una cierta corriente de pasividad recorre el alma inversora y estratégica de los despachos.

Mi duda sería si se confirma un cierto neoludismo subconsciente cuando se manifiestan y justificas objeciones como:

Siempre lo hemos hecho así

La objeción tiene poco que argumentar puesto que es la expresión máxima de la pasividad que inmoviliza, del autismo estratégico que convence que la velocidad de las cosas está en nuestras manos.

Que lo hagan primero otros

Este argumento contiene un engaño. Es verdad que la aparición de un nuevo avance contiene costes iniciales de innovación que superados se convierten en ingresos especialmente competitivos. Lógicamente podemos no querer incorporarnos a esta primera fase, el engaño puede estar en no encontrar el momento cuando incorporarnos a la segunda fase del ciclo de vida del nuevo avance. Entrar tarde o nunca puede suponer una desventaja competitiva difícil de recuperar. Así pues, acepto el argumento si planificamos el momento en el que decidir cuándo entrar o definitivamente renunciar, algo así como determinar el “punto (o momento) de no retorno” que se utiliza en aviación para decidir si adoptamos o no el avance.

A ver si el año que viene esto mejora

En momentos de incertidumbre económico cómo en estos años esta frase es simplemente demorar una decisión que se sabe debe tomarse. No podemos vincular una variable (situación económica) con otra variable (tecnología) que en realidad no correlaciona. ¿Alguien aprobaría continuar con máquinas de escribir o cambiar a ordenadores en función de los resultados de la economía? Puede que la situación de la organización no sea la más saludable para asumir inversiones pero ello debe ser independiente de este argumento que deja en manos externas decisiones que son estrictamente internas.

No podemos gastar

Muchas veces y desde el punto de vista argumental confundimos gastar con invertir. En cualquier caso estamos diciendo que algo que está sucediendo y que comprendemos afecta en todos los órdenes del negocio no podemos asumirlo. Si es cierto, nada que decir pero sino… Analizar qué porcentaje de gastos en tecnología supone en el total de gastos del despacho (mis datos dicen que en ningún caso supera el 3%) y si ello pondera correctamente con el peso específico que está tomando la tecnología en su máxima amplitud de expresiones. Y si analizamos las inversiones analicemos lógicamente el porcentaje que destinamos a la renovación de los medios de producción del despacho y el reparto por familias (hardware, software, comunicaciones, sistemas,…) ya que cada una de estas partidas no tienen el mismo retorno en el negocio.

Fulanito no va a querer…

Llegamos al componente personal en el que fulanito no va a querer asumir, aprender, incorporar, reinventar,… nuevas formas de trabajar y entregar el servicio. ¿La persona o el departamento es más importante que lo que está sucediendo en tecnología? De verdad ¿vamos a hipotecar el futuro por intereses personalistas? Cuando el despacho languidezca ¿Quién será responsable, el que no quiso hacer o el que no supo hacer? Conformismo, autocomplacencia, desidia, apatía, indolencia,… serán síntomas personalistas que hipotecan el desapcho.

Esto es de “frikis”

Es la palabra para desprestigiar un espíritu innovador, rompedor, inquieto y eso sí que es ofensivo. Una actitud friki no es “postureo” es una declaración de espíritu emprendedor que las organizaciones deberían capitalizar al máximo. El error en el friki lo hace más grande, más fuerte, más líder en momentos de indecisión donde la autoridad del conocimiento y el valor de las decisiones son capitales. Ojala todos tuviéramos algo de friki para poder superar desinhibidos cualquier obstáculo.

Con lo que me queda de vida laboral…

Este es el argumento de la pena. Personas que calculan su edad profesional para tomar decisiones económicas, culturales y de negocio. Ahí distinguiría entre empleados y empresarios. Los empleados que caigan en este argumento están renunciando a algo en la vida como es sentirse vivo por la gestión de nuevos proyectos. Levantarse cada mañana sabiendo que vas a aprender, aplicar, gestionar,… nuevos horizontes debería ser un gran estímulo y renunciar a ello es convertirse en zombi profesional. Una nueva iniciativa tecnológica en el despacho debe suponer un reto que autoafirme que estas vivo y que se puede contar contigo.

El empresario que también tiene activado su reloj profesional y comenta que le quedan x años y no voy a… le diría lo mismo que a un empleado normal pero con el agravante que cuando se retire ¿qué va hacer con su negocio? Pensar que en los próximos cinco, diez años, ya no vale la pena invertir lo único que hace es descapitalizar y desposicionar el despacho repercutiendo en consecuencia en el fondo de comercio si al final de la vida laboral lo que pretendemos es traspasarlo.

Que hago con los empleados que no necesito

Invertir en tecnología debe ir acompañado de incrementos en la productividad por lo que es posible que recursos que hasta ahora estaban en la producción del despacho de repente con las nuevas inversiones sobren y es ahí donde entran contra argumentos sentimentales ¿Cómo voy a prescindir de fulanito si toda la vida ha estado conmigo? Lo normal es que el despacho no pueda hacer frente a ninguna regulación de empleado debido al coste de indemnización imposible de amortizar en cuentas de explotación muy ajustadas. Ahora bien, frente a esto, la solución no debería ser la continuidad sino la conversión del recurso. Pongo un ejemplo, cuando hay un empleado que necesita un día para el proceso de facturación del despacho que correctamente mecanizado solo debería utilizar dos horas ¿Qué hacemos con las restantes seis horas? La respuesta es reconvertirlas en otras tareas productivas o de generación de negocio que den valor añadido al despacho y a los clientes. Formación, motivación, oportunidad,… serán vehículos de éxito en la transformación competitiva del despacho.

No tengo tiempo

Recientemente en medio de una conferencia que estaba dando me interpelaron diciendo si era consciente que lo que estaba comentando relativo a los avances tecnológicos suponía una inversión importante y continua de tiempo. La verdad es que sí que soy consciente que lo primero que hay que tener es el tiempo para ejecutar la formación, las pruebas, los avances que te permitan incorporar la tecnología en el día a día de cada uno. Muchos de estos avances vinculados a las comunicaciones, las relaciones, a las herramientas de gestión,… traspasan el horario normal de trabajo y sino pensemos que sucede con nuestros smartphones o tablets que no se quedan en la mesa de trabajo sino que nos acompañan todas las horas del día. No vale decir que donde llegaremos si todo el día vamos con dispositivos conectados porque este argumento me parece a si la humanidad estaría preparada a ir a la velocidad de los nuevos trenes de finales del XVIII o que ver tanta televisión sería malo para la vista. Argumentos de “abuelita”.

Todo va muy deprisa

¿Qué es ir deprisa? Einstein lo explico claramente en la teoría de la relatividad. La velocidad en si mismo no es nada y hay que compararla y ponerla en contexto. Si caminamos por una calle vamos a 5 kilómetros por hora pero si caminamos en el pasillo del vagón de un tren de alta velocidad vamos a 305 km por hora (los 300 del tren más los 5 nuestros). Que tenemos que caminar creo que es indiscutible pero que si lo hacemos montados en algo que corra lo haremos mejor y llegaremos más lejos haciendo el mismo ejercicio. Hoy la tecnología es el tren de alta velocidad que nos permite llegar más lejos y más rápido y eso creo que no es ni discutible ni negociable. Por último que nosotros estemos parados o lentos no implica que al mundo le suceda lo mismor, el mundo tiene su propia velocidad y no tenerlo en cuenta implicará que nos retrasemos y que sea imposible recuperar el tiempo perdido.

Si Ned Ludd levantara la cabeza probablemente no quemaría ordenadores pero seguro que esgrimiría objeciones como estas lo cual me hace pensar en un neoludismo inconsciente justificante de los tiempos que nos ha tocado vivir.

Las cosas cambian permanentemente, no esperemos a ser los últimos, depende de uno que el año que viene sea mejor, no pensemos en gasto pensemos en inversión, apartémonos de los stopers, seamos un poco frikis, asumamos nuevos retos, reconvirtamos los negocios, busquemos el tiempo y enamorémonos de la velocidad.

Nuestra generación tendrá la suerte de ver de golpe avances que en la Revolución Industrial tardaron en ver tres generaciones y ese protagonismo histórico creo que es excitante.

Mucha suerte y muchos éxitos.

 

Ignasi Vidal Díez

Business Development Manager

SAGE Accountants

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